El comercio colonial fue el gran impulsor de Cádiz durante la Edad Moderna, lo que hizo de la ciudad una de las más pujantes, cosmopolitas y progresistas de España. Este hecho, y su particular ubicación y sistema defensivo, explica que Cádiz fuera el lugar donde se congregaron las Cortes que habían de oponer resistencia al invasor francés -"con las bombas que tiran/ los fanfarrones/ se hacen las gaditanas/ tirabuzones", dicen las coplillas populares- y proclamar la Constitución de 1812.
El carácter liberal de Cádiz permanecerá inalterable a lo largo del XIX, participando frecuentemente en los muchos pronunciamientos que habrán de sucederse, como la Revolución de 1820, la exaltada de 1821, la de 1868 o la rebelión cantonalista de 1873.
También Cádiz jugó un papel importante en la difusión del liberalismo, gracias a que allí se fundaron algunas Sociedades Patrióticas.
El siglo XIX es para Cádiz una etapa de expansión comercial e industrial. En 1829 se le concede concesión un puerto franco y en 1861 enlaza con el ferrocarril. Cádiz se configura como un importante centro portuario, puerta de entrada y salida de los productos americanos, así como industrial y financiero. La pujanza económica se refleja, por ejemplo, en la existencia de cinco teatros, sólo por detrás de Madrid y Barcelona.
Este gran desarrollo, sin embargo, se verá progresivamente truncado por las independencias de las colonias americanas y asiáticas, cuyo último capítulo será la pérdida de Cuba, Filipinas y Puerto Rico en 1898. En consecuencia, Cádiz entra en una profunda depresión económica que la dejará sumida en un estado de postración durante las décadas siguientes.
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